“Nosotros nos lo guisamos, nosotros nos lo comemos.” Esta era la frase que mi tío Pérez me dirigía cada vez que recibía una nueva entrega de mi famosa tira cómica “La coletera sesentera”. Llevaba trabajando para la revista de mi tío un par de años. Como es evidente, él contrató mis servicios gracias a los lazos de sangre que nos unían. Ahora mi tío nos ha dejado y se ha mudado a un lugar mejor; ha cogido todo el dinero de los fondos de la revista y ha huido a Latinoamérica en compañía de su amigo Rodríguez Menéndez. Lógicamente el negocio familiar ha quebrado y me he visto en la obligación de buscarme las habichuelas fuera del ámbito laboral amigo. Vago de un sitio para otro, voy de entrevista en entrevista, para regresar siempre a la casilla de salida. Pensé que tenía talento, al menos eso me hicieron creer mi tío Pérez y su séquito durante los días de vino y rosas, pero la realidad parece ser otra bien distinta. He visto cómo muchos peces gordos del medio utilizaban los papeles donde en el pasado dibujaba “La coletera sesentera” para apagar sus cigarrillos. Vivo replanteándome por ello mi trabajo creativo y las posibilidades que me ofrece el futuro sin la sombra protectora de mi tío. Sin embargo, este bache de mi vida no ha hecho que pierda por completo la confianza en mi talento. De hecho ya he cambiado la antigua consigna que compartía con mi tío por otra nueva y esclarecedora que pondré en práctica durante la próxima entrevista laboral: “Tú me lo guisas, yo te lo como.” A ver si hay suerte. Yo, por si acaso, iré guardando en mi bolso un cepillo de dientes.
viernes, 3 de octubre de 2008
La dieta de Willendorf
¿Qué significa el título “Sin tetas no hay paraíso”? Sé que muchos de vosotros os lo habréis preguntado en alguna ocasión, puesto que la mayoría de los lectores asiduos a este blog sois una panda de canis asilvestrados (uh, lo peor de lo peor). Incluso os habréis atrevido a aventurar alguna pseudoexplicación, del tipo: los guionistas de la serie quisieron transmitir la idea de que algunas mujeres se valen de la explotación de su cuerpo para abrirse paso en el reino de la opulencia. Lo cierto es que mis conjeturas tiran por otros derroteros… Sí, particularmente creo que el señor con bigote adicto a los puticlubs de carretera que creó esta serie tenía tan pocas luces que el único pensamiento que quería divulgar era la necesidad de que los burdeles garantizaran que las putas del lugar fueran auténticas féminas; se había cansado de que le dieran gato por conejo. Así que, en un primer momento, bautizó la serie con el nombre “Sin tetas no hay coño”. No obstante, los productores le exigieron un poco de decoro porque no creían conveniente ensuciar una cadena tan elegante como Telecinco con un título tan vulgar. El señor con bigote acató sus órdenes y decidió rebautizar la serie como “Sin tetas no hay paraíso”; digamos que cambió “coño” por “paraíso” y todos aplaudieron su ingenio. Sea como fuere, esta no formará parte del grupo selecto de series que asciendan al paraíso televisivo. “Sin tetas no hay paraíso”, como mucho, se quedará en el limbo por los siglos de los siglos... Amén.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Corea de Raven
Hace unos días me encontraba viendo Disney Channel a medianoche (sí, soy rara de cojones) cuando de pronto una chavala muy rara allanó la pantalla de mi televisor, acelerando la trayectoria de mis pupilas. El caso es que su cara me sonaba, pero me resistía a admitir que aquella mujer fuera la misma niñita que, años atrás, coprotagonizara la serie “Vivir con Mister Cooper” (“Hangin’ with Mr. Cooper”, 1992); es decir, la actriz Raven-Symoné. No, no podía ser ella, seguramente la tía epiléptica de la pantalla la había engullido y aquella niñita luchaba por salir de su estómago. Raven, que así se llamaba la feroz caníbal, aparecía como una adolescente extravagante, y no por alardear de personalidad esquizotípica (que a lo mejor), sino por el festival chirriante de colores que adornaba su poco agraciado cuerpo, dios no la bendijo con el don del buen gusto. Vale, me repetí, es una hortera hiperactiva, pero se merece una oportunidad. Tres minutos más tarde, después de oír sus grititos de ¿placer? mientras inspeccionaba con tiento las ubres de una vaca (de cartón piedra), me arrepentí de habérsela dado. Uy, decía, ayyy, qué gustito. ¿Esta serie la patrocina Disney o Localia? ¿Es esto un canto a la zoofilia? La chavala remataba la jugada interpretando a más personajes de la serie, entre ellos a un bebé que se alimentaba a base de biberones rellenos de puré de patatas (sin salsa, ojo, que allí esa palabra estaba prohibida) y a un viejo bravucón y afeminado (más que la propia Raven, es un poco paradójico). No es ciencia ficción, en serio, esto existe y los niños lo ven, les gusta y desean ser como Raven en el futuro: una mujer epiléptica que se pone cachondona acariciando ubres de vacas, que monta toros mecánicos ante la mirada atónita del clero (esta es otra historia) y que, para más inri, adivina por influjo esotérico un porvenir chorra. Menos mal que a esas horas Disney Channel sólo la ven los perturbados y los niños que tienen tv en su cuarto. Yo cumplo ambos requisitos.
domingo, 21 de septiembre de 2008
sábado, 20 de septiembre de 2008
Damisela de diadema floja
Sabe Dios que Rosetta Forner me produce urticaria cerebral, pero ello no impide que reconozca el valor de estas cuatro palabras pronunciadas por esos fideos rojo-drag-queen que tiene por labios: damisela de diadema floja. Esta idea me viene como anillo al dedo para hablaros sobre aquella amiga que todas las chicas hemos tenido en algún momento de nuestras vidas.
Suele ser durante la etapa adolescente cuando la susodicha se aferra a nosotras con la fuerza de un cinturón de goma de Stradivarius. Se caracteriza por tener problemas familiares, que tarde o temprano derivarán en otro tipo de problemas... En un principio mantienes con esta chica una buena relación de amistad: vas con ella de compras, intercambias sms íntimos, incluso intercambias sujetador (sí, sorprendentemente compartís la misma talla). Pero, a medida que transcurren las semanas, percibes cierto olor a quemado. Si antes sostenías con ella unos breves turnos de diálogo, ahora tus intervenciones se reducen a asentimientos y sonrisas dedicadas por entero a un monólogo que versa siempre sobre avatares sentimentales folletinescos y tragicómicos: que si ha discutido con su chorvo; que si su chorvo la va a dejar por la fulana de su exnovia; que si se ha liado en la parte trasera de un coche con su vecino y ha aparecido al día siguiente con moratones ocultos en ciertas partes de su anatomía; que si no le viene la regla y te pide que la acompañes a por un test de embarazo a la farmacia situada en la calle Uría; que si se ha tatuado el conejito de Playboy en el vientre y después descubres que solo es una mancha de ColaCao; que si ha discutido con su chorvo (otra vez); que si su chorvo la va a dejar por la fulana de su exnovia (de nuevo); que si se ha liado con el vecino (en esta ocasión practican el coito en el cuarto del chico y ¡sin sábanas en el colchón!); que si ha perdido en el transcurso de estas aventuras las bragas azules de la gatita Kitty (esas sí que no las intercambiaría con ella) y teme que estén en posesión de El Bolas, un amigo de su vecino-amante con el que también ha tenido relaciones sexuales; etc. Y, por si fuera poco y a pesar de aguantar como una campeona su tostón, te confiesa entre lágrimas que se siente muy sola y que nadie la escucha. También te repite con bastante frecuencia que se considera feúcha y que todos la miran mal, a lo que tú intentas responder con la frase de “no, mujer…” que nunca llegas a ver completa porque tu amiga ya ha empezado a hablarte de lo mal que lo pasa cada vez que alguien la piropea por la calle y de las miradas de envidia que las compañeras de clase le dedican.
Yo soy la secuela bipolar de mi amiga pues, como no he logrado vencerla, he acabado uniéndome a ella.
Maravillosa criatura
Piropos con mucha miga que llevo ideando desde los 6 años para conquistar a Sergio Dalma, mi amor (por no decir ídolo) de la infancia…
- Eres el caballo ganador en la carrera de mi corazón.
- Te daría el premio Príncipe Azul de Asturias al Hombre de mis Sueños.
- Cosería mi cuerpo al tuyo y formaría dos siameses, para que después nos separasen quirúrgicamente y que el amor nos doliera. *Este es el piropo más romántico y efectivo.
- Por ti me comería toda la basura del vertedero municipal y después la vomitaría… Y la volvería a comer.
- El semáforo está en verde; puedes penetrar sin miedo en mi autopista.
- Te demostraría mi amor tirándome al amigo más feo de tu pandilla.
- Te demostraría mi amor tirándome con menos asiduidad a mi amante.
- ¿Alguien te ha dicho alguna vez que te pareces a Sergio Dalma?
- Cuando era un simple embrión las células del mesodermo impidieron que mi sistema circulatorio se estableciera con normalidad… ¿Te importaría entrar a formar parte del tejido de mi corazón?
- Ojalá fuera quesera para tener entre mis manos a semejante quesín.
- Ya tengo mi panecillo listo; tú pones el queso.
- Dios le da quesines a quien no tiene dientes.
- Me gustaría ser ratón para caer en tu trampa de queso.
- Un quesín como tú debería estar situado en el mejor estante de Alimerka.
- Quesín, te voy a hacer fondue.
Os confieso que todo el tiempo que he estado ausente ha sido a propósito de las fiestas de San Mateo. El caso es que Sergio Dalma dio un miniconcierto en ellas y lo conocí gracias a un amigo común (El Bolas). Mis encantos naturales hicieron el resto…
sábado, 13 de septiembre de 2008
viernes, 12 de septiembre de 2008
lunes, 25 de agosto de 2008
domingo, 24 de agosto de 2008
Los buenos franceses
DON ANTONIO.- Parece que se hunde el techo. Pipí.
PIPÍ.- Señor...
DON ANTONIO.- ¿Qué gente hay arriba, que anda tal estrépito? ¿Son locos?
PIPÍ.- No, señor; Erasmus.
DON ANTONIO.- ¿Cómo Erasmus?
PIPÍ.- Sí, señor; ¡así lo fuera yo! ¡No es cosa! Y han tenido una gran orgía: calimocho, marihuana y mucho chocho, ¡uh!
DON ANTONIO.- ¿Y con qué motivo se hace esa francachela?
PIPÍ.- Yo no sé; pero supongo que será en celebridad del nuevo inquilino que se ha mudado a su casa esta tarde.
DON ANTONIO.- ¿Conque un nuevo vecino? ¡Haya cochinillos!
PIPÍ.- ¿Pues qué, no lo sabía usted?
DON ANTONIO.- No, por cierto. Si lo llego a saber, no vengo.
PIPÍ.- Busque el anuncio en google.
DON ANTONIO.- En efecto, aquí está (mirando su ordenador portátil): Se busca estudiante Erasmus con conocimientos de francés para compartir piso de 1 habitación. Sin baño, sin cocina, sin amueblar, con cama. A fiesta por día. 3000 euros por cada... ¡No es cosa! De un viaje de estudios hacen un negocio. Si son el diantre. ¡Ay, amigo Pipí, cuánto más vale ser camarero que Erasmus ridículo!
PIPÍ.- Pues mire usted, la verdad, yo me alegrara de saber hacer, así, alguna cosa...
DON ANTONIO.- ¿Cómo?
PIPÍ.- Así, de francés... ¡Me gusta tanto el dinero!
DON ANTONIO.- ¡Oh!, los buenos franceses son muy estimables; pero hoy día son tan pocos los que saben hacerlos; tan pocos, tan pocos.
Adaptación de un fragmento de la obra teatral "La comedia nueva o El café", escrita por Leandro Fernández de Moratín.





