sábado, 20 de septiembre de 2008

Damisela de diadema floja

Sabe Dios que Rosetta Forner me produce urticaria cerebral, pero ello no impide que reconozca el valor de estas cuatro palabras pronunciadas por esos fideos rojo-drag-queen que tiene por labios: damisela de diadema floja. Esta idea me viene como anillo al dedo para hablaros sobre aquella amiga que todas las chicas hemos tenido en algún momento de nuestras vidas.

Suele ser durante la etapa adolescente cuando la susodicha se aferra a nosotras con la fuerza de un cinturón de goma de Stradivarius. Se caracteriza por tener problemas familiares, que tarde o temprano derivarán en otro tipo de problemas... En un principio mantienes con esta chica una buena relación de amistad: vas con ella de compras, intercambias sms íntimos, incluso intercambias sujetador (sí, sorprendentemente compartís la misma talla). Pero, a medida que transcurren las semanas, percibes cierto olor a quemado. Si antes sostenías con ella unos breves turnos de diálogo, ahora tus intervenciones se reducen a asentimientos y sonrisas dedicadas por entero a un monólogo que versa siempre sobre avatares sentimentales folletinescos y tragicómicos: que si ha discutido con su chorvo; que si su chorvo la va a dejar por la fulana de su exnovia; que si se ha liado en la parte trasera de un coche con su vecino y ha aparecido al día siguiente con moratones ocultos en ciertas partes de su anatomía; que si no le viene la regla y te pide que la acompañes a por un test de embarazo a la farmacia situada en la calle Uría; que si se ha tatuado el conejito de Playboy en el vientre y después descubres que solo es una mancha de ColaCao; que si ha discutido con su chorvo (otra vez); que si su chorvo la va a dejar por la fulana de su exnovia (de nuevo); que si se ha liado con el vecino (en esta ocasión practican el coito en el cuarto del chico y ¡sin sábanas en el colchón!); que si ha perdido en el transcurso de estas aventuras las bragas azules de la gatita Kitty (esas sí que no las intercambiaría con ella) y teme que estén en posesión de El Bolas, un amigo de su vecino-amante con el que también ha tenido relaciones sexuales; etc. Y, por si fuera poco y a pesar de aguantar como una campeona su tostón, te confiesa entre lágrimas que se siente muy sola y que nadie la escucha. También te repite con bastante frecuencia que se considera feúcha y que todos la miran mal, a lo que tú intentas responder con la frase de “no, mujer…” que nunca llegas a ver completa porque tu amiga ya ha empezado a hablarte de lo mal que lo pasa cada vez que alguien la piropea por la calle y de las miradas de envidia que las compañeras de clase le dedican.

Yo soy la secuela bipolar de mi amiga pues, como no he logrado vencerla, he acabado uniéndome a ella.

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