lunes, 30 de marzo de 2009

¿A que no hay huevos?

"Viejo friendo huevos I" y "Viejo friendo huevos II"

Obra inspiradora: "Vieja friendo huevos" (Velázquez, 1618)

sábado, 28 de marzo de 2009

Alicia expulsada al país de las maravillas

Temo que el conejo que come perejil roa mi dedo gordo del pie mientras duermo.

jueves, 26 de marzo de 2009

Al este de Yellowstone

Apretujado en su ataúd de plástico, la momia del Osito Lulú codicia la vida eterna. En la fábrica de Lu, los operarios que lo embalsamaron le prometieron que iba a ser devorado por un ser humano; seguramente un niño, probablemente uno caprichoso y de mamas desarrolladas. Le dijeron que la glucosa de su esponjoso cuerpecito viajaría a través de una red de vasos sanguíneos hacia el Aaru, permitiéndole así formar parte del Homo sapiens, esa raza superior que le había dado forma. No obstante, también le advirtieron de que existía cierta probabilidad de fracaso en su intento de reencarnación, pues, antes de que todo esto ocurriese, habría de someterse a un juicio.

El niño zampabollos será el juez que valore si Lulú merece ser deglutido entre sus abultados carrillos. ¡Pobre Osito! Qué triste se pondrá cuando el niño caprichoso rasgue impaciente el sarcófago y contemple la consunción de su figura y lo poco que se parece al retrato del envase-mastaba. Quizás el tragaldabas le haga ascos por ser Lulú un pastelito feo o, tal vez, se apiade de su propia hambre y alimente su vasto estómago con la miga, aunque para ello tenga que contener la respiración.

martes, 24 de marzo de 2009

Ala, garra, mano

Temo que, al soplar un diente de león, me muerda los labios.

domingo, 22 de marzo de 2009

Te quiero

video

Sí, te quiero.

  • Créditos:

Narrador: Topanga Lawrence

Imágenes: Romeo + Juliet (Baz Luhrmann, 1996) © Todos
los derechos reservados

Ruido ambiental: iiioiii y Topanga
Lawrence

miércoles, 18 de marzo de 2009

Danoní-o

- ¡Acuérdate de comer el danonino que te guardé en la mochila! ¡Y el plátano también! Nada de bollicaos por hoy. Como me diga la seño que en vez de lo que te mando compras porquerías de esas, pruebas la zapatilla. ¡¿Me has oído?! ¡Eh!

- Que sí, coño. Cállate ya. Tú sigue dándome la vara, sigue... a ver quién te cura el uñero y te compra los condones después. ¡Y el danonino te lo comes tú!

- ¿Cómo? De eso ni hablar. Ya sabes que me los prohibió el médico, pero necesito terminar mi colección de imanes. Así que te lo tragas, sí o sí.

Aquí me encuentro, en la facultad, con un danonino en la mano derecha. El abuelo Lawrence aún no ha asumido que abandoné la guardería hace siglos. Desconozco si el viejo está demente o simplemente me utiliza como peón de sus caprichos de coleccionista. Cada imán de esta colección representa una letra del abecedario y contiene, supongo que con fines pedagógicos, una palabra que comienza por dicha letra (por ejemplo, a de abeja, ese de sofá, i de iglesia, jota de jamón, eme de mano y e de elefante). El último pack de danoninos que hallé en la nevera incluía un imán ilustrado con un dinosaurio risueño que parecía disfrutar haciéndose una radiografía. Sobre su cabeza destacaban las palabras "rayos x". Sí, se supone que "rayos x" es el término sin fonema equis que ejemplifica el sonido de la letra equis. Y sí, seguramente los señores que se dedican a diseñar estos abalorios odian, por razones aún desconocidas, la simplicidad del socorrido "xilófono". Banalidad o no, despiste ortográfico o analfabetismo de altos vuelos, no cabe duda de que Danonino no es un dinosaurio; Danonino es un pollino.

martes, 17 de marzo de 2009

Un póster de Gilda y otros desengaños


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Para darnos la chapa sobre las excelencias del neorrealismo italiano, del cual "Ladri di biciclette" (Vittorio de Sica, 1948) es uno de sus máximos exponentes, ya tenemos a los expertos en cine (véase Garci, El Hombre Que No Descubrió El Cue). Mi persona os acerca desinteresadamente una perspectiva deformada de la cinta para que os animéis a verla, en caso de que no lo hayáis hecho aún. Cuando tengo un drama entre manos no puedo hacer nada si no buscarle la comedia. Cuando tengo una tragicomedia entre manos soy completamente feliz. Y cuando soy completamente feliz enseño las tetas (así que no perdáis ojo al vídeo).

domingo, 8 de marzo de 2009

El medidor de apetencia

Dedicado a Mister Calvin Klein Never End Passion, a.k.a. elhombrequecreequeparatrasquilarunaovejahayquematarla, en compensación por el estrepitoso fracaso de mi proyecto "Erizo mirando a través de lupa".

viernes, 6 de marzo de 2009

Cuando la bella durmiente entró en coma

Durante la vigésima revuelta comunista que tenía lugar en la villa romana, un simio octópodo se alzó con el control repentino de todo un ejército de buitres. Se valió tan solo de un olifante para llamar a filas y los bichejos acudieron al estrépito como a la carne pútrida. Al cabo de tres minutos desestabilizaron la ley de la gravitación universal y sacaron con sus garras las macetas de las casas vecinas a través de angostos compluvios. Ningún soldado se armó de valor para tomar represalias contra ellos, pues en sus picos resplandecía una indolencia renacentista capaz de derretir las piruletas de un bebé obeso y cojitranco.

jueves, 5 de marzo de 2009

Boo

Temo que las gotas de lluvia repiqueteen sobre el cristal de mi ventana reproduciendo los acordes de "El último mohicano".

Oye, ¡yo no he probado el paté!

Hoy podría ser la noche perfecta para morir. Morir como náufrago en mitad de una noche borrascosa de domingo ha de ser la razón más probable de que Dios compulse pasaportes directos al paraíso. ¿No creéis? Sería una especie de transición desde las tinieblas terrenales hacia la luz celestial, un recurso cinematográfico glorioso. Por el contrario, morir al abrigo de una tarde soleada, un martes o jueves cualesquiera, resulta incongruente con la imagen occidental de la muerte. Nuestro cadáver no merece recibir una sepultura tan antagónica al drama. De hecho, estoy decidida a enviar una propuesta de ley al Parlamento para que prohíba morir a la gente los días laborales, soleados y en horario de tres a siete de la tarde.

Acróstico d.C.

No tengo vocabulario
Estoy vacía de versos
Centinela son mis dedos
Exigiéndome argumentos
¡Somos cinco y ordenamos
Impacientes que nos muevas!
Trampas para ratones
Osos-melocotones
Utillaje de guerreras,
Ninfas y arrabaleras
¡Malditas cinco falanges!
¿Osáis alterar mi escritura?
Reímonos de tus artes
¿Dices tener cordura?
Iglúes construiremos
Sobre hojas de morera
Que caduquen en febrero
Untando la primavera
Iglesias con toboganes
Tumbas en miradores
¡Observa nuestras labores!